Por: José Luis Pérez
Maqueta del Navío Santísima Trinidad en construcción
Pasión por el modelismo naval
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José Luis Pérez
Estimados lectores de El Seis Doble, una vez más con vosotros para presentaros mi actual modelo con el que llevo varios meses y espero que en un par de meses más pueda estar totalmente terminado. Se trata del famoso navío de cuatro puentes y ciento cuarenta cañones: el Santísima Trinidad, que perteneció a la Armada Real Española y se hundió frente a las costas de Cádiz en la batalla de Trafalgar.
Breve historia
El Santísima Trinidad fue construido en los astilleros de La Habana por el ingeniero Mateo Mullán y siguiendo las normas de construcción proyectadas por Jorge Juan, con castillo, alcázar y toldilla. Las obras de construcción comenzaron el 27 de noviembre de 1767, con la quilla puesta en grada y labradas la roda y el codaste y dispuestos para ser montados. Una grave enfermedad afectó a Mateo Mullán, produciéndole el fallecimiento y dejando el proyecto prácticamente delineado y haciéndose cargo del mismo su hijo, Ignacio Mullán.
Fue botado el 2 de marzo de 1769 y durante su larga vida operativa de más de treinta años fue sometido a varias reformas importantes, tanto de sus cubiertas y artillería como de su superficie velica, siempre aumentando la capacidad de las mismas.
Intervino en distintos conflictos armados en el Mediterráneo y en el Atlántico, bloqueo internacional a Inglaterra en el Canal de la Mancha y, posteriormente, en el bloqueo a Gibraltar. En 1782 participó en el combate de Cabo Espartel, enarbolando la insignia del almirante Luis de Córdova avistando y dando caza a la flota inglesa obligándola a entrar en combate sufriendo serios daños y desperfectos por ser atacado por varios navíos ingleses; regresó a Cádiz para reparar daños.
El 14 de febrero 1797 intervino en otro sangriento combate naval en el cabo de San Vicente, de nuevo con los ingleses y el Almirante Nelson al mando de la flota inglesa, esta vez los daños causados al Santísima Trinidad fueron casi irreparables, dejando el barco casi inservible planteándose la Armada Real Española su reparación o desguace, optándose por su reparación y, al mismo tiempo, realizar su tercera reforma.
Durante las casi seis horas de combate, y en ocasiones rodeado por cuatro y cinco navíos ingleses arrojando sobre él un intensísimo fuego, lograron destrozar todo su costado de estribor. Desmontados sus cañones y con varias vías de agua inundando sus bodegas, a punto de rendirse el Almirante Córdova, arrió la bandera y cuando iba a ser apresado por los ingleses, el navío Pelayo, mandado por el capitán de navío Cayetano Valdés, apunto sus cañones hacia el Santísima Trinidad obligándole a izar de nuevo su bandera si no quería ser tomado por barco enemigo y atacado como tal. Acudieron prestos a defender tal situación el Príncipe de Asturias, el San Pablo, el Conde de Regla y el San Fermín conducidos por el Almirante Moreno con su insignia en el Príncipe de Asturias que obligaron a los ingleses a abandonar su preciada presa y el Santísima Trinidad pudo volver al combate. Las bajas en el Santísima Trinidad fueron de 69 muertos y cerca de doscientos heridos.
El 21 de octubre de 1805, en la catastrófica batalla de Trafalgar, el Santísima Trinidad volvió a demostrar que era el navío más poderoso del mundo soportando el fuego ininterrumpido de varios buques enemigos al mismo tiempo estando en ocasiones rodeado de hasta cinco navíos ingleses, a los cuales dejó fuera de combate y entre ellos a su buque insignia, el Victory, en el cual embarcaba su Almirante Horatio Nelson. De nuevo los ingleses demostraron su interés por capturar tan valiosa pieza. Sin gobierno, desarbolado, desastrosamente averiado por el fuego recibido, el Santísima Trinidad con su comandante Hidalgo de Cisneros gravemente herido y su segundo comandante prácticamente solo en el alcázar hasta que fue herido en la cabeza quedando sin sentido, al recuperar el conocimiento informó a Hidalgo de Cisneros del lamentable estado del barco y tras informar al resto de sus oficiales se arrió la bandera y cesó el combate en el Santísima Trinidad y el navío quedo rendido ante sus enemigos que, como lobos hambrientos, lo abordaron e izaron su bandera; por fin lo habían conseguido; el mayor y más poderoso navío de guerra era de ellos, pero por poco tiempo. Al día siguiente, cuando lo remolcaban a Gibraltar, el fuerte temporal que se desató en la zona obligó a los ingleses a soltar los cabos de remolque y el Santísima Trinidad quedó libre y decidió hundirse en aguas españolas con una bandera que no era la suya. En el momento del combate su tripulación era de mil cincuenta hombres y las bajas se estiman en más de trescientos muertos y alrededor de doscientos heridos y desaparecidos.
Los restos del navío más poderoso del mundo, con sus cuatro puentes y ciento cuarenta cañones yacen hoy frente a las costas de Cádiz. Benito Pérez Galdós le llamó “El Escorial de los Mares” en su novela “Trafalgar”.
Fuentes consultadas: Revista de Historia Naval e Internet.
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