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Opinión: Xavier Cantera
Como has podido comprobar, amigo, camino pero también observo y reflexiono sobre la realidad, sobre las personas que caminan, trabajan o cuidan de la familia
Una opinión más
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Xavier Cantera
Apreciado amigo, un saludo. Quiero dar respuesta a una curiosidad que me manifestabas en tu anterior misiva al preguntarme si mantenía mi costumbre de caminar una horita todos los días. Así es, todas las mañanas camino por la orilla de la playa, dejando que el mar, con su olas, como amante fetichista, lama mis pies suavemente al mismo tiempo que, por los auriculares, oigo música de los 50 y 60, algo que me perdí. Observo que el 99% de las conchas que reposan varadas sobre la arena están boca abajo, desde las más pequeñas hasta las más grandes, como queriendo ocultar el vacío de la viudedad de la otra parte y también para aparecer más atractivas ante los ojos de las criaturas que las recogen al ver sus colores, sus rayas y las formas que adornan sus cara visible. Pienso en la soledad de las viudas y en el maltrato a la vejez.
También, en el trayecto, me encuentro con pescadores e imitadoras sueltas de la "meditadora" de la Falla de Valencia: unos, concentrados en sus cañas de pescar y las otras., en sus meditaciones y posturas relajantes. Me llama la atención un grupo numeroso de "meditadores/as" que realizan la actividad guiada por una maestra de yoga, equipada de pinganillo y altavoz. Valoro muy positivamente este gesto colectivo después de los meses que hemos pasado de aislamiento y confinamiento individualizadores.
Me cruzo con personas caminantes como yo, no muchas, a quienes la inclinación de la orilla de la playa no les molesta y de quienes no sigo sus huellas o porque el agua las borra o porque van en dirección contraria a la mía. Después de media hora, abandono la playa y camino por el paseo o calle central, donde encuentro más caminantes con ropa deportiva, en pareja, tríos y cuartetos, cumpliendo la obligación que se han impuesto para mantenerse en forma. Especialmente, me llama la atención un trío de mujeres formado por dos ya maduras y una joven con alguna diferencia funcional, la cual camina un metro y medo detrás de ellas, mientras las dos primeras comparten una amena conversación. El braceo de la madre, estilo cuartel, lo dice todo.
Una escena que observo con atención es la cola significativa de personas que esperan comprar las raciones de churros para alegrar el despertar de la familia. No tienen nada que ver con las colas del hambre que hemos visto durante la pandemia. Llego, por fin, a una escena enternecedora, de esas que, representada en una falla, sería elegida como "ninot indultat”, compuesta por una pareja de personas mayores, jubiladas, como poca movilidad, que ponen sobre una mesa de formica unos pocos productos recogidos de su campo: verduras, hortalizas y algunos melones. Todo, para completar sus cortas pensiones.
Antes del final, me doy un respiro en un jardín, donde todas las mañanas me paro a oler unas rosas pero, de las 6 ó 7 que florecen , sólo una guarda su perfume original, de toda la vida, a rosa. Hay mucha falsedad, sólo tienen vista pero no la esencia de verdad. Como muchos seres humanos.
Como has podido comprobar, amigo, camino pero también observo y reflexiono sobre la realidad, sobre las personas que caminan, trabajan o cuidan de la familia o como ese grupo de "kellys" mal pagadas que almuerzan antes de comenzar a limpiar apartamentos o los trabajadores municipales que, a primera hora, aún de noche, con sus maquinarias limpian la arena de la playa y la dejan suave y sin los desperdicios que algunas personas, poco civilizadas, han dejado pensando que son dueñas del espacio común. Hay mucho que cambiar caminando.
Atentamente, hasta la próxima.
Comentarios de nuestros usuarios a esta noticia
Xavier, las colas del hambre no han dejado de existir por que tú no las veas. En el paseo de Cullera nunca han habido colas del hambre a las 8 de la mañana, ni con pandemia ni sin pandemia.
PD.- Cuidado con la cadera, yo tuve problemas por caminar por la orilla.
Saludos
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