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EL SEIS DOBLE
domingo, 25 de abril de 2010
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Bloody Mary, de Rafuse
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 C’est la vie
Relato literario de José Burgos Lancero

“… cada día estoy más cerca de la muerte, mi cuerpo empieza a palidecer, mi destino, nuestro destino, se acerca y la noche pronto posará sus alas sobre nosotros con perezosas ganas de volver a volar”

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José Burgos Lancero

 

El dinero es lo único por lo que trabajo en lo que trabajo -se dijo a sí mismo-, repetía esa frase una y otra vez cuando acababa su jornada, sabía que era la única manera de soportar aquello, estaba cansado y sin ilusión; pero siempre se sentía bien cuando se tomaba un Pielding Gold y se dejaba llevar por sus ideas para dinamizarse a sí mismo como persona, quería demostrarse una y otra vez que podía ser una gran persona, ser recordado por el resto de mortales, ser homenajeado, adulado, amado y, sobre todo, inmortalizado en libros y memorias. En eso invertía su tiempo cuando estaba solo.

Se cruzó con los ojos de una mujer en el vestíbulo del bar, la miró discretamente, no mostró deferencia alguna a su presencia; una mujer delgada, tacones y medias negras. Le brillaban los ojos, el rímel había empezado a diluirse, le pareció que eran lágrimas, alguna pobre mujer desafortunada, pensó.

Aquel oscuro bar estaba lleno de gente, las mesas de madera se sucedían entre las risas y caladas a filtros de punta candente que no sabría decir qué contenían. Al fondo quedaba una mesa desprovista de risas y gente que fumaba. Se acercó, sobre la mesa aun estaban las copas de quien fuera que fuese que se había sentado allí. El rojo tan vistoso que aun resbalaba en una de las copas le sugirió que, quizá, habían bebido Bloody Mary. Mientras se quitaba su abrigo gris miró a su alrededor en busca de algún camarero que limpiase todo aquello, pero no vio a ninguno. Decidió apartar algunas de las copas y sentarse en un extremo de la mesa. El día había sido largo y le dolía la cabeza, la dejó recaer sobre su mano, entre el dedo pulgar y anular, con los que a la vez, se masajeaba las sienes.

Al abrir los ojos, detuvo su vista ante un sobre blanco que había quedado atrapado bajo una de las patas de la mesa. Al recogerlo se manchó del mismo líquido viscoso que había en la copa. Nunca le ha gustado el zumo de tomate. Miró con cierta repugnancia la mesa en busca de alguna servilleta que no estuviese del todo gastada. El sobre no estaba cerrado, dentro un trozo de papel permanecía plegado. Una carta.

“No es que hoy sea el día más tétrico de mi vida, tampoco el más fatídico, el más torpe o el más banal; quizá por eso lo he elegido como mi día. La soledad está pegada a su corazón, lo veo en sus ojos. El tiritar de sus pupilas me revela su secreto, su fruncir de ceño, ahora mismo piensa en su día, piensa en su mundo tan alejado del significado de ser humano, tan humanizado que ya no recuerda que es solo un animal, tan humano que ha olvidado que la vida es el final de todo cuanto tenemos, tan poco animal; que no se aferra a ella con garras y dientes. Tan desprovisto de la propia vida que se complace con vivir y busca la felicidad en lo paralelo a ésta, en todo aquel tema baladí. Y yo, cada día estoy más cerca de la muerte, mi cuerpo empieza a palidecer, mi destino, nuestro destino, se acerca y la noche pronto posará sus alas sobre nosotros con perezosas ganas de volver a volar. Daría lo que fuera por vivir, por tener la fuerza que otorga la vida que se me acaba, quizá por eso quiero demostrarle a ese hombre lo que vale la vida. ¿Qué mejor manera que arrebatándosela? Nunca he matado, por eso me siento más débil aún; no quiero llorar, quiero ser fuerte, pero la idea de irme de este mundo es muy dura, por eso le quiero demostrar lo que esta perdiéndose. Mierda, se me está corriendo el rímel. Ya está cerca de aquí, lo veo pensar en su futuro. Lleva un abrigo gris horrible”.

Le pareció tan dura la descripción de aquella carta que se sintió tremendamente vacío, solo, perdido y asustado. Quien era aquella mujer, estaría cerca de él. Quizá lo matase pronto, o tarde. Temblaba, el sudor caía por su frente. Se sintió fatigado y angustiado. Las lágrimas y el sudor se juntaron, toda aquella imagen de hombre cuerdo se desvanecía con la de un niño que llora. Secó sus lágrimas como pudo con aquella servilleta usada con la que se había limpiado de Bloody Mary. Decidió salir de allí.

 

“… alzó la vista, cruzó sus ojos con los de una mujer alta

que llevaba un vestido rojo”

 

El vestíbulo se había llenado de gente, se hizo paso entre ella, sentía miedo, pensaba que en cualquier momento alguna de las personas entre las que pasaba podía incrustarle en el estomago un cuchillo.

La agonía aumentaba, el sudor y las lágrimas habían vuelto, quedaba poca gente que esquivar hasta salir de aquel bar, al que se prometió no regresar. Buscó también coraje entre sus entrañas pero no halló nada similar, sólo una mezcla de miedo y un sinfín de preguntas de carácter metafísico que nunca le habían venido a la mente.

Al llegar al final del vestíbulo, alzó la vista, cruzó sus ojos con los de una mujer alta que llevaba un vestido rojo. Ella miraba como lo hacen todas aquellas personas que se saben importantes. Miraba a su alrededor pero no reparaba en la presencia de nadie ni, por supuesto, en la suya. Sintió odio hacia ella, se creía tan persona, tan ser humano, algo tan falso, algo tan alejado del verdadero sentido de la vida. Sintió la necesidad de salir de allí, aunque también de matar a aquella mujer. Pero no lo podía soportar, nunca había matado. Salió de allí.

Posó sus manos sobre sus rodillas, estaba extasiado, el corazón le latía desorbitadamente rápido, el dolor de cabeza era insoportable. De su cabeza empezó a gotear algo rojo sobre el suelo, cayeron tres gotas. El dolor de cabeza aumentaba, sabía que había llegado su momento. La sangre ya corría desde sus sienes, alguien le había conseguido alcanzar de un modo discreto y lo había matado. Pensó en su vida mientras caía de rodillas, la vida era algo más de lo que él creía, no sabía nada más, pero llego a esa conclusión. Era algo grande, algo que le daría ganas de esbozar una sonrisa de esas que te hacen sentir más feliz. Feliz de un modo más profundo que el efecto de una carcajada, una sonrisa que se debe a un vuelco en el corazón, algo diferente era la vida. Hubiese dado cualquier cosa por haberlo sabido antes, aunque por otro lado se alegraba de haberlo descubierto, aunque no tuviese tiempo para disfrutar de ella.

Cerró los ojos. El hilo de sangre caía sobre su boca entreabierta que exhalaba airé de un modo jadeante. Una gota calló en su boca, era zumo de tomate.

 

* José Burgos Lancero, 18 años, estudiante de 2º de bachillerato

 


 


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Comentarios de nuestros usuarios a esta noticia

Karina - 25/04/2010
Me ha sorprendido el final, nos has llevado por un camino con la sangre que no me esperaba el final. Me ha gustado.
Nelson - 25/04/2010
Me sorprende leer un relato literario escrito por un joven de 18 años. A veces la vida te da sorpresas agradables. Ánimo chaval, me ha gustado mucho tu relato y también he leido los otros siguiendo las etuqietas de esta entrada.
Peris.. - 25/04/2010
Llegaras muy alto, me han gustado mucho :)
Armando - 25/04/2010
Esta muy guapo ,nuy bien escrito y usas vocabulario y comparaciones muy buenas pero quizas el problema de este relato es que esta demasiado bien

escrito es decir que habeces se te hace pesado o puede ser aburrido.De todas maneras esta muy bien ese pequeño fallito lo arreglas con el final.Un

consejo personal "intenta escribirlo mas corto" si quitas un par de cosillas y lo haces mas corto estaria mejor.Tambien hace mucho el tipo de letra con el

que esta escrito quiero decir que es muy pequeña.Que cuando estas leyendo te ves todo el mogollon y te agobias un poco.Escribelo con letra un poco mas

grande o con espacios entre fila y fila. MUY CHULO
frank garcia - 25/04/2010
interesante relato ,me gusta como escribes , espero seguir leyendo mas de ti .un saludo....
usandi - 25/04/2010
molt be, a continuar en esta linia i a millorar
Jose Burgos. - 25/04/2010
En realidad, si puede ser que haya un momento en que pierde tensión el texto. Sobre la extensión, no se, creo que debe tener esa, te digo por que, armando, debe tener la suficiente extensión, desde mi humilde punto de vista, claro está, para conseguir que el lector aprecie al personaje, que lo conozca, que entienda el porqué de su aparición en la narración.
En cuanto a la letra es algo que no depende de mi, por tanto no opino.

Muchas gracias a críticas y muestras de apoyo, igual de valiosas son unas como otras.

Un abrazo.
bycente - 25/04/2010
muy bueno, demasiado pan, el jamon muy bueno.
Jose Burgos. - 26/04/2010
Esa es la idéa!!
Jamon - Pan - Jamon
Tushé.
Maty G. Tchey - 27/04/2010
Me recuerdas a Mario Benedetti en " La muerte y otras sorpresas". Enhorabuena ! Sigue escribiendo, vale??
Jose Burgos. - 27/04/2010
He leido a Mario Benedetti un poco.
(Un abrazo enorme Maty, se te hecha de menos!)
abuelita - 27/04/2010
no esta mal!
podrias agilizar las palabras, pero no esta mal
cual es el mensaje?
agarra la vida con las dos manos y pasa de transcendentalismos?
abuelita - 27/04/2010
no esta mal! podrias agilizar las palabras, pero no esta mal cual es el mensaje? agarra la vida con las dos manos y pasa de transcendentalismos?
Jose Burgos - 28/04/2010
Me gusta lo de agilizar las palabras.
Si quizá el sentido se pueda leer así.
Pd: Por cierto tu nick, señorita Mar Casanov...

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