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EL SEIS DOBLE
sábado, 15 de junio de 2013
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 Modelismo Naval en Alzira
El Galeón de Manila Nuestra Señora de Covadonga (VIII)

Cuidar el barco es como cuidar la propia casa: siempre hay algo que hacer y siempre hay que estar pendiente de todo

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José Luis Pérez
 

Estimados amigos lectores de El Seis Doble, continuamos la construcción de nuestra maqueta naval. Como ya sabéis los seguidores de este espacio, estamos construyendo un galeón con una historia apasionante y que acabó en manos de la pérfida albión, se trata del galeón Nuestra Señora de Covadonga, un navío de 52 cañones y gemelo del Nuestra Señora del Pilar  que pertenecieron a la Carrera de Manila. Previamente y como ya es habitual, haremos un breve comentario sobre la historia, construcción y características de estos apasionantes barcos que en muchas ocasiones escribieron la Historia Naval de España.

 
Viajar a Nueva España en un galeón

Repleto de bártulos, con la tripulación confesada y comulgada, el barco iniciaba la travesía. Antes de zarpar era inspeccionado por oficiales de la Casa de Contratación: las primeras veces en Sevilla, para comprobar que el barco podía navegar, para revisar la carga, la identidad de los pasajeros, la autorización del capitán, las provisiones y el armamento; después, en Sanlúcar de Barrameda. Desde allí, los barcos ponían rumbo a las islas Canarias, su primera escala. Superada la escala en las Canarias comenzaba el largo recorrido. Como hay víveres abundantes, si no ocurre ninguna desgracia, los barcos seguían su ruta en derechura. Marineros, grumetes y pajes cuidan de la navegación y del mantenimiento del buque. La "gente de tierra" se prepara para soportar un aburrido hacinamiento.

Cuidar el barco es como cuidar la propia casa: siempre hay algo que hacer y siempre hay que estar pendiente de todo. Tareas habituales eran mantener las cubiertas limpias y expeditas, reparar e izar velas cuando fuera preciso, atar cabos, trepar por los palos, arreglar cuerdas y velas, hacer cuerdas nuevas con cabos viejos o remendar redes, fregar la cubierta y las batayolas, revisar los aparejos y hacer pequeñas chapuzas y reparaciones.

Cada media hora un grumete canta la hora, al dar la vuelta a una ampolleta o reloj de arena. Era un sistema poco preciso, sobre todo en días de tormenta, o en momentos de descuido o de sueño del grumete. La hora podía ajustarse -claro está- a mediodía, comprobando la sombra del sol, que debía tocar el norte de la aguja de marear (la brújula) a las doce en punto. El grumete "cantaba" la hora, añadiendo una cantinela religiosa que todos conocían. Así, al amanecer, el paje o grumete que había estado de guardia desde las tres de la mañana, al dar la vuelta a la ampolleta, entonaba: "Bendita sea la luz y la santa Veracruz.Y el Señor de la verdad y la Santa Trinidad. Bendita sea el alba, y el Señor que nos la manda. Bendito sea el día y el Señor que nos lo envía."Después rezaba un Padrenuestro y un Avemaría, para concluir con este saludo: "Dios nos dé los buenos días; buen viaje, buen pasaje tenga la nao, señor capitán y maestre y buena compaña, amén. Así faza buen viaje, faza; muy buenos días dé Dios a vuestras mercedes, señores de popa y proa."

De día renacía la vida a bordo: el nuevo turno de guardia ocupaba sus puestos. El timonel indicaba el rumbo al capitán de la guardia, que lo comunicaba a su vez al nuevo timonel. Había un vigía en popa y otro en proa; los marineros relevados pasaban los cálculos de velocidad y distancia transcurrida de la pizarra donde los habían anotado al diario de a bordo.

Los marineros se desperezaban; estiran la ropa (normalmente dormían con la misma ropa con la que vivían el resto del día) y se lavan la cara y la manos con el agua que izan del mar en cubos. Claro que la higiene de los marineros no era inferior a la higiene normal de la época. Han dormido en diversos rincones de cubierta, algunos cubiertos con esteras o mantas, otros al abrigo del cordaje. Los más privilegiados han extendido una hamaca. Oficiales y viajeros distinguidos han pasado la noche en sus propios camarotes bajo cubierta y sobre tarimas o esteras. El capitán ha dormido en su recámara, cubierto con colcha de lana.

Pero si la noche hubiera sido de tempestad o de peligros, habrían estado sin dormir: el capitán, en pie, controlando todas las operaciones, con la misión clave de mantener el rumbo y llegar a puerto.

Una de las primeras tareas diarias era la de achicar el agua que el barco "ha hecho" en esa noche, mediante las bombas de achique, tarea de la que se encargan carpinteros y calafates. Para satisfacer las necesidades naturales el procedimiento era muy sencillo y poco discreto. Se defecaba o se orinaba sobre la mar. Para ello los tripulantes se sujetaban de las cuerdas o del propio navío, o bien el barco disponía de una tabla que pendía sobre las olas, a modo de retrete portátil replegable, al que solían denominar "los jardines".

Suponemos que la única comida verdadera -y caliente- era la del mediodía. No existían cocineros profesionales; algunos marineros viejos, ayudados por pajes o grumetes, elaboraban como podían, si los vaivenes del barco lo permitían, guisos con cuanto hubiera disponible en los enormes calderos, colocados sobre unos trébedes o hierros en el fogón, que descansa sobre una base de tierra con carbón y brasas.

Podían utilizar vino, aceite de oliva, ajos, tocino, bacalao, sardinas en salazón, tasajo o carne salada y bizcocho duro o galletas de harina de trigo almacenado en la parte más seca del barco. Conforme los españoles se fueron acostumbrando a las Indias, añadieron a su dieta el cazabe o yuca. Cada cual recibía su ración en una escudilla de barro o en un plato de madera. La hora del rancho era un momento bullicioso, salpicado de bromas y chanzas de buen y mal gusto. Se formaban corrillos de amigos o paisanos y se tragaba la pitanza, remojándola normalmente con vino, que se conservaba mucho mejor que el agua.

 

La Construcción de la maqueta del galeón Nuestra Señora de Covadonga

Como vemos en las fotografías, nuestro galeón ya tiene casi terminada todo lo que es la obra muerta, es decir, cubiertas, combes, troneras, casetas, etc. Durante estos días hemos montado y pintado toda la parte anterior y posterior del buque, proa y popa, construyendo las balconadas de las cámaras de oficiales y del comandante y el espejo de popa o “peineta”, también hemos construido muy montado las portas de troneras, así como los jardines de proa . Esta semana entrante comenzaremos con la jarcia y la arboladura. Y en espera de nuevos avances en la construcción de nuestro galeón, en este punto lo dejamos por hoy.

 

El Seis Doble no corrige los escritos que recibe. La reproducción de este texto es literal; fiel a las palabras, redacción, ortografía y sentido del autor/es.



                           
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